Los astronautas de la misión Artemis II han enfrentado numerosos desafíos en su histórica travesía hacia la Luna. Entre ellos, la intensa presión durante el despegue realizado el pasado 1 de abril, cuando el cohete consumió millones de galones de combustible, y la difícil tarea de atravesar peligrosos campos de radiación mientras se dirigían a su destino.
Sin embargo, el mayor reto aún está por venir: la reentrada. En esta etapa crítica, la nave espacial volverá a la Tierra a una velocidad impresionante, ingresando en la densa atmósfera terrestre a más de 30 veces la velocidad del sonido.
Este proceso genera una intensa fricción con las moléculas del aire, lo que eleva la temperatura exterior de la cápsula a más de 2.760 grados Celsius. Desde el anuncio de su participación en esta misión, el astronauta Victor Glover ha tenido este momento presente.
Durante una rueda de prensa reciente, Glover compartió que ha estado reflexionando sobre la reentrada desde el 3 de abril de 2023, el día en que fue asignado a Artemis II. Incluso recordó que, cuando le preguntaron qué parte de la misión esperaba con mayor ansia, respondió con algo de humor pero también con seriedad: “El amerizaje”.
Remarcó que regresar es una prioridad y que la misión será aún más memorable gracias a las historias y fotografías que traerán de vuelta. La reentrada suele considerarse la fase más crítica de cualquier misión espacial. Para Artemis II, esto conlleva un desafío particular: un problema conocido desde el vuelo no tripulado Artemis I en 2022.
En aquella ocasión, tras dar la vuelta a la Luna, los ingenieros encontraron marcas preocupantes y grietas en el escudo térmico de la cápsula. El escudo térmico es un componente esencial, diseñado para proteger tanto a la nave como a sus ocupantes del calor extremo durante el ingreso a la atmósfera.
Aunque la Artemis I completó su misión con éxito y regresó intacta, los daños detectados plantearon preguntas sobre el comportamiento del material Avcoat usado en su construcción y su capacidad para soportar las tensiones del reingreso atmosférico.
En caso de un daño severo o una grieta crítica en el escudo térmico, el resultado podría ser catastrófico para la nave y su tripulación. Cabe destacar que no existe un mecanismo de escape que pueda activarse en esa fase tan avanzada del regreso.
Esto convierte al escudo térmico en el único salvaguarda entre los astronautas y las letales temperaturas del descenso. La nave Orion destinada para Artemis II utiliza un escudo térmico prácticamente idéntico al de su predecesora.
Aunque este aspecto no sea ideal, según reconocen los responsables de NASA, confían en que las modificaciones implementadas en la estrategia de reentrada garanticen la seguridad de los astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de NASA, junto con Jeremy Hansen, representando a la Agencia Espacial Canadiense.
Amit Kshatriya, administrador adjunto de NASA, expresó que el equipo se siente confiado tras realizar exhaustivos análisis y comprender mejor las limitaciones del escudo térmico.
Sin embargo, también admitió la delicada naturaleza de esta fase crítica al señalar que “la tripulación pondrá su vida en juego”. Kshatriya destacó que todos los sistemas probados a lo largo del vuelo —como el soporte vital, navegación, propulsión y comunicaciones— dependen absolutamente del éxito que se logre durante los últimos minutos decisivos del viaje.
La cápsula deberá sobrevivir al impacto contra la atmósfera terrestre, viajando a una velocidad asombrosa de aproximadamente 40.000 km/h, mientras el escudo térmico absorbe por completo las fuerzas extremas generadas en este tramo final.